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Latino Diablo

El Sol. 4 de febrero de 1997.

Desde luego, pocas presentaciones pueden ser tan impresionantes como las que realizó Latino diablo en El Sol. Da gusto y esperanza el ver que un grupo que empieza es capaz de demostrar en el escenario que les da sopas con onda a tantos figurones que son incapaces de entretener mínimamente a quienes asisten a sus presentaciones, llenas siempre de comilones a gogó y de la jet set de las revistas rosas.

Y, es que, obviamente, allí todo ese panorama sobraba. Los chicos de Latino lo dejaron claro antes de empezar a aparecer en el escenario. Tras apagarse las luces, un montaje de vídeo se encargó de dejar clara la filosofía del grupo. El montaje reflejaba un montón de actos que se han podido ver en los telediarios y que expresan el enorme desprecio que tiene el hombre hacia la vida de otros hombres. Tras imágenes de muertes, asesinatos o ejecuciones, todas en blanco y negro, aparecieron escenas en color de personajes como Aznar, el Papa, Yeltsin, Clinton y demás gobernantes que adoran esos medios para imponer la disciplina que necesitan para mantener el mundo en su situación actual. Cuando acabó el vídeo, el trío comenzó a rapear el tema que abre su primer álbum, El mundo no es de la gente humilde. Habían pasado cuatro minutos y ya habían conseguido impresionar a las cuatrocientas personas que se juntaron en El Sol para verlos. El show fue corto, dado que correspondía a una presentación, pero, en este caso, "lo bueno si breve, dos veces bueno". Al fin y al cabo, Latino diablo dejaron claro lo que querían mostrar: tocan de la leche, tienen ideas, fusionan estupendamente y en directo ofrecen mucho más que una simple colección de canciones. Mientras los estaba viendo seguía pensando en lo que han cambiado estos chicos desde hace un año. Su mejora es realmente impresionante, lo que anima a pensar que, a poco que cojan carretera en este nuevo proyecto, aquí tenemos un grupo con muchas cosas buenas por ofrecer. En su show también hicieron hueco para un DJ que ayudó en un par de canciones o para una vocalista que puso su esfuerzo, aunque transformó en demasía las piezas. Ambas cosas fueron toques de color en un recital de talento que, esperemos, pronto se pueda ver en su integridad.

E.P.

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