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Kiss Palacio de los Deportes. 25 de junio de 1997. Músicos: Paul Stanley (guitarra y voz), Gene Simmons (bajo y voz), Ace Frehley (guitarra y voz) y Peter Criss (batería y voz). "Menudo espectáculo", comentaba mi chica. Y, desde luego, lo ofrecido por Kiss en su llegada a España no era para menos que para quedarse con la boca abierta: el cuarteto original de la banda, nuevamente maquillado y cargado de todo aquello que pudiera clavar los ojos del público en el escenario. De otra cosa no será, pero del negocio del espectáculo los americanos entienden lo que no está escrito: saben cómo captar al público, sujetarle a la butaca (si hay lugar) y hacerle consumir convenciendo a la gente de que se lo va a pasar bien con ello. Todas las bandas internacionales han sufrido una enorme metamorfosis al atacar el mercado americano porque allí todo es distinto: es más grande, más enorme, más espectacular... Y Kiss no son una excepción. Al contrario: son uno de los grandes ejemplos a seguir dentro del show-business. Si quieres montar un show que convoque gente, vete a ver a Kiss. Ofrecen un espectáculo que se puede disfrutar hasta con las orejas tapadas. Y eso tampoco habría venido mal el día de su llegada a Madrid. En equipo, luces, fuegos artificiales y vestuario se gastarán una pasta, pero creo que todos habríamos concedido algún petardo menos y un mejor acoplamiento del equipo de sonido. Este no estuvo a la altura del espectáculo y eso, en un concierto, pasa su factura. El repertorio de Kiss se centró en la época que agrupó a los cuatro resucitados y se limitó a sus canciones más populares de la década de los setenta. Eso, en teoría, no era ningún inconveniente, ya que hace mucho tiempo que Kiss no hacen nada reseñable y, puestos a vender el espectáculo, lo mejor es venderlo entero: aquella formación, aquellas caras y aquellas canciones que a muchos nos tocó vivir en la adolescencia. Todo el atrezzo colgado del techo, un escenario enorme y un telón que lo cubre todo con el logo que incluye las SS más famosas de la historia del rock. Se apagan las luces y, tras caer el telón, suena Deuce y aparecen las plataformas, el enorme juego de luces, una pantalla de vídeo y una enorme cantidad de humo. El mal sonido no importa porque las gargantas del público responden. Al acabar, dos paneles que simulan pantallas y amplis se elevan desde el suelo. No es más que otro truco escénico que sujeta una nueva fila de luces pero mantiene el escenario vivo mientras suena King of the night time world. Ya han comenzado los fuegos artificiales y todo está a pleno rendimiento, aunque aún estamos en el principio. Stanley coge el micro y dice "No hablo español muy bien, pero noto vuestro sentimiento. Esta noche es la noche", una introducción hablada para Let me go rock'n'roll. Después, una "jartá" de palmas recibirían a un Do ya love me que sonó cuasi pop. A estas alturas ya nadie pensaba que Kiss era un grupo de rock duro, pero también estaba convencido de que sus melodías y estribillos han quedado ahí por algo. Con Firehouse (cantaron hasta cinco piezas de su primer álbum, del 74), Gene hizo de tragafuegos después de una enorme exhibición de luminotecnia, incluyendo sirenas policiales bailando por todo el escenario. Watchin you (el otro tema que tocaron del Hotter than hell con Let me go...) trajo a un Stanley tocando su guitarra por encima de la cabeza antes de dar entrada a Frehley en un solo ruidoso y distorsionado en el que disparaba petardazos con su guitarra. En uno de los disparos, el show tenía previsto que un foco se descolgara como si el guitarrista hubiera atinado su blanco. El espectáculo, milimetrado en todo momento, no falló y, aunque en un principio pareció que el foco fuera a caer encima de la gente, quedó suspendido sujeto por un poderoso cable. Después ofrecieron el Shock me, del Love gun del 77, y continuaron con Calling Dr. Love, la única pieza que tocaron del Rock'n'roll over del 76. En esta interpretación las estructuras que sujetaban los focos se fueron inclinando hasta dar otra forma al escenario. Con Shout it out loud (el Destroyer del 76 fue otro álbum con buena representación) el público comenzó a rendirse y no paró de corear el estribillo mientras el macro logo de Kiss que coronaba la parte trasera del escenario hacía juegos de luces. Pero el acabose llegó cuando, antes de abordar el Love gun, Paul enganchó su pie a un pequeño trapecio y se cruzó colgado de él todo el Palacio hasta una pequeña plataforma colocada delante de la mesa de sonido. Mientras Stanley pasaba por encima de sus cabezas, el público no dejaba de alucinar: circo y música estaban en perfecta comunión. Y, para darle más auge, no faltaron los fuegos artificiales al principio y al final del tema. De vuelta al escenario, sonó Cold gin para dejar paso a uno de los números fuertes de la noche. Antes de empezar con él, Paul ensayó con el público el estribillo y, cuando Peter golpeó sus baquetas, dio comienzo un espectacular I was made for loving you, la única pieza que interpretaron del Dinasty y una de las que revolucionó por completo al público. Allí quien no botaba era por simple parálisis. God of thunder también fue la releche. Gene hizo su número escupiendo sangre y salió volando hasta encaramarse a la parte superior del escenario por encima de todas las luces. Cantó el tema desde allí y, tras aterrizar, aparecieron llamaradas y se dio paso al solo de Peter, un solo realizado con mazas que tocó parcialmente de pie para dar al público mejor visibilidad. Para que no se perdiera un ápice de imagen, el set de la batería llevaba incluidas dos microcámaras de vídeo que proporcionaban imágenes a la gran pantalla y permitían ver las muecas del "gatito". New York groove fue, posteriormente, abordado por Ace, ya que esta pieza apareció en su álbum del 78, en aquellas ediciones en las que cada uno grabó un disco en solitario poniendo su cara en la portada y en el picture disc consiguiente. 100,000 years, otro recuerdo al primer álbum, tuvo como anticipo el habitual juego entre Paul y el público con el Oh-oh, yeh-yeh que uno decía y otros repetían a gritos. Como la cosa se acababa, no era cuestión de dejar a Paul sin su solo y a éste no se le ocurrió otra cosa que recurrir a La bamba antes de que Peter cantara Black diamond. Una bola de espejo enorme abrió el tema en la parte lenta y, al acabarlo, el escenario se llenó de humo y fuegos artificiales. Antes de los bises se pudo ver en la pantalla de vídeo los caretos de los cuatro Kiss en un montaje en el que un rostro se convertía en otro, otro en otro, y así dando vueltas todo el rato. El primer bis fue un magnífico Detroit rock city en el que no faltó nada (luces, coreo, el logo luciendo a toda pastilla, las luces que se vuelven a bajar, el publico entregado...) y que vino precedido por acordes de Guantanamera y Cucurrucucú paloma (Paul estaba folklórico y yo pensé que terminaría tocando La Macarena). La baladita Beth, cantada por Peter con pianos pregrabados mientras tiraba rosas al público sentado en un taburete, hizo aparecer los mecheros y, por último, Rock & roll all nite, el tema bandera del Dessed to kill del 75, puso a la gente boca abajo con una explosión de confeti mientras Ace lucía una guitarra con bombillas incorporadas. Más explosiones, más fuegos artificiales y Paul rompiendo su guitarra mientras el escenario se llenaba de luz y colorido. Un final como cabía esperarse dentro de un show super espectacular que está a la altura de muy pocas bandas. Lo dicho: Kiss puede aportar ya muy poco al mundo de la música, pero, encima de un escenario, son capaces de arriesgar e invertir en un show capaz de levantar a un muerto. La gente salió contentísima y no es para menos. Hasta mi chica quería comprar un póster de Kiss para ponerlo en casa. E.P.
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