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Doctor Explosion El Sol. 22 de febrero de 1997. Si algo se puede decir de los asturianos es que son divertidos, sumamente divertidos e incapaces de aburrir a nadie. En El Sol tuvieron que hacer dos fechas porque su público va creciendo y un aforo como el de la sala de Jardines ya es poco para ellos. El viernes, por lo visto, arramplaron con todo y salieron a tocar a la calle después de haber aparecido disfrazados de monja en el escenario. El sábado la cosa fue bastante distinta. Pero distinta no quiere decir, en absoluto, menos sugerente. El trío presentó su material dedicándoselo a toda la familia Iglesias (Julio, Enrique...), quienes, por más que miramos, no aparecieron por allí, demostrando con ello su descortesía. La descarga de sonido sixties y algún que otro enganchón en el punk rock obtuvo su reconocimiento entre un público entregado de antemano que hizo subir la temperatura de la sala hasta el punto que se veía llegar el salto de la alarma de incendio: todo el mundo sudó lo que quiso y lo que no quiso. Lo mejor de Doctor Explosion es que allá donde toquen lo toman como escenario y que, por ello, no tienen ningún reparo en cruzar la sala, subirse a una barra y hacer un solo de guitarra; o coger el tambor de la batería, ponerse en medio del público y montarse una fiesta al son de la melodía de Sorpresa, sorpresa. Con ellos, todo es imprevisible y nada está fuera de lugar. Casi te sientes cohibido para encender un cigarro por si pierdes de vista al grupo un momento: en el siguiente no sabes dónde van a aparecer y lo mismo te los encuentras dándote fuego. Su propuesta musical no es nueva (¿para qué les hace falta?) y la banda no parece tener intención de implantar un estilo o cosa parecida. Lo único que pretenden es divertir, agradar y justificar el precio que marcan en taquilla. Todo ello lo consiguen con una buena dosis de buen humor y de entrega, algo que se agradece en una época en la que la mayoría de los grupos suben a un escenario como el que va al servicio. Doctor Explosion da sentido a ese término tan peculiar que usan los artistas: "gala". Ir a un concierto suyo es salirse de lo normal, entrar en un terreno aparte y salir con una sonrisa de oreja a oreja. Ya solamente faltaría que cantaran en castellano y que sus letras fueran tan ácidas como sus presentaciones. Serían la bomba. E.P.
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