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Buenas Noches, Rose KTDral. 28 de febrero de 1997. Había oído que, en sus últimas actuaciones, los Rose se desparramaban tanto que llegaban a hacerse pesados. Como no hay nada mejor que comprobar las cosas por uno mismo, me acerqué con mi chica a KTDral a ver si la evolución de esta banda empezaba a trastabillar o si, como espero, sigue su línea ascendente. La sala tenía una buena entrada, lo que me llamó la atención. Buenas noches, Rose estaban programados también en el Hebe unos días después sin pase por taquilla mientras que su show en KTDral requería sacar el ticket. Sus fieles, o bien porque no les apetece desplazarse o bien porque la promoción del grupo funciona, no tuvieron ningún reparo en dejarse el taleguillo dispuestos a ver a los madrileños en un escenario amplio. Y el grupo respondió, dejando mis dudas más que enterradas. Y respondió mostrando, además, unas maneras muy positivas que me dieron a entender que la banda está más centrada que en la segunda mitad del año pasado. Aquí, desde el primer momento, todo estaba muy medido: las luces, la escenografía, las ocurrencias "ocasionales"... todo. Y lo cierto es que la medida fue lo que hizo del show un espectáculo de ésos que no conviene perderse. Lo mejor que tiene esta banda (en mi opinión) es su sonido y su manera de sentir el directo. El sonido en este concierto no estuvo muy allá, pero yo me refería más al sonido de sus temas, a esos riffs reconocibles, rollingstonianos, puramente rockeros sin entrar en tendencias modernas... Los Rose son más clásicos que las monedas de peseta y eso la escena lo agradece siempre. Bien está que haya grupos con esquemas contemporáneos y con formas más atrevidas, pero también está bien que se mantengan cosas agradables de toda la vida. Buenas noches, Rose pone lo contemporáneo en su actitud: mientras un montón de grupos se limitan a subirse a un escenario y a soltar sus temas, el espectáculo de esta banda es de los que puedes disfrutar aunque seas sordo. Jordi, su vocalista, sigue teniendo un tirón impresionante, sorprendiendo en cada pieza y yéndose desde el streaptease hasta el moshing en un par de minutos. Sus dos guitarristas ya han entrado también en estas formas y su presencia es parte básica en el show. En un momento dado, se colocan uno detrás del otro y cada uno de ellos toca con la guitarra de su compañero sin que ninguno de los dos se la descuelgue. Bajo y batería siguen siendo más discretos, aunque su colocación en el escenario les da menos posibilidades: ellos son conscientes de su parte y la cumplen con solvencia y seriedad. Y luego están las canciones: Buenas noches, Rose, La granja, Sentado en el barro, Una noche más... son piezas que levantan a un muerto y que, en directo, ponen a bailar a todo el mundo con una facilidad asombrosa. Estribillos reconocibles, textos luminosos y un acertado manejo del público por parte de Jordi hacen que la fiesta se extienda hasta las filas más lejanas. Puede que pinchen de vez en cuando, pero no fue este día uno de los malos. Mi chica y yo disfrutamos como enanos comentando al final del show que, con mucho, era la mejor actuación que les habíamos visto. E.P.
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