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Betty Carter C. C. de la Villa. 22 de mayo de 1997. Músicos: Betty Carter (voz), Bruce Flowers (piano), Curtis Lundy (bajo) y Ralph Peterson (batería). La extraordinaria oferta jazzística del mes de mayo se completaba con la actuación de Betty Carter, una mujer a la que siempre se le ha criticado su excesivo amaneramiento, pero que, con todo, es una de las voces más maravillosas de las que goza el género. Betty se presentaba con formación de trío. Un trío, por otro lado, que se mostró extraordinario en todas las facetas: excelente en el acompañamiento y ciertamente brillante cuando estuvo sin la vocalista. La Carter apareció en escena tal que una mona, paseando su figura de sesenta y siete años en la que se dan todos los tópicos más graciosos de la raza negra: una manera de andar de lo más peculiar, un pandero grande como una playa, una sonrisa de oreja a oreja y, cuando cantó, una voz con más matices que el arco iris. Betty bromeó con el público y le hizo callar en cuanto abrió la boca. Su repertorio no abundó en exceso en la variedad, pero sí fue elegido cuidadosamente para mostrar su dominio del ritmo y su peculiar modulación. Pasó del cool al bop con facilidad, se hizo una pieza entera a base de scat mientras iba dirigiendo a su trío con una presencia escénica propia de quien ha paseado por todos los escenarios del mundo tres o cuatro veces y culminó una actuación en la que, si bien quedó claro que el tiempo pasa para todos, demostró que su voz está cuidada y tiene vida propia. Solamente se echó de menos en el Centro Cultural de la Villa el ambiente informal y festivo que, con el tiempo, está perdiendo el jazz en nuestro país. La gente pide silencio en lugar de corear los temas, aplaude cuando se le señala cada uno de los solos y se muestra ciertamente snob creyendo que el jazz es algo propio de una determinada clase social. Afortunadamente, artistas como Betty Carter son capaces de traspasar esas barreras y llevarse la fiesta al escenario: una fiesta que, en esta ocasión, fue tranquila y mesurada, pero con un ambiente propio de esta música que aquí el público está perdiendo. E.P.
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